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Estampas del Sendero 10


El día sábado 26 de agosto del 2000 surgió una invitación de un grupo de personas quienes nos trasladaron al pueblo de Bailadores, el cual se encuentra aproximadamente a 100 Km., de la ciudad de Mérida, Venezuela.

Es extraño que a pesar de haber mucha vegetación, en un trayecto del camino aparece una zona desértica; de las montañas descienden surcos y grietas que llegan hasta las orillas del extenso río Chama; casi bruscamente la vegetación cambia y se presenta un paisaje lleno de árboles y vegetación, que parece descolgarse desde las cumbres de las montañas hasta llegar a la planice.El verdor de las ascendentes superficies solo es pintado de amarillo brillante por los árboles Araguaney, diseminados en el paisaje.
El poblado de Bailadores es muy hermoso, tiene un gran monumento que al mirarlo de cierto angulo, a la salida del sol produce bellos efectos de color, se denomina "Espiral Cromática" obra del escultor y pintor de fama internacional Carlos Cruz Diez.

El almuerzo (comida) fue espléndido y delicioso. -¡Mira!- dijo la Dra. Alba Cristina Ramón Mora de Zambrano, expresando una franqueza regiomontana,(de la CD. de Monterrey México), -no te pude hacer tortillas mexicanas, pero te preparé un ají (Chile) en suero de leche que te va a gustar-, además hubo un rico pasticho de berenjena acompañado de ensalada, pascualina, y un delicioso guiso de calabacines y una fresca bebida de parchita (maracuyá).
Llegamos aL amplio salón del hotel de sobria elegancia denominado Tokisay, para realizar la anunciada conferencia.La Dra. Alba Cristina y la Sra. Xiomara Zerpa Gómez, habían trabajado muy bien para que el evento se realizara.

El público fue muy receptivo, hubo preguntas y al finalizar, algunas personas de la cercana población de Tovar solicitaron curación.

La lluvia llegó y hubo que trasladar algunos de los asistentes.-¡Mire Maestro!-, hay un chocolate delicioso, el cual se prepara poniendo un poquito de azúcar acaramelada y un vasito de agua, lugo se le agrega el chocolate y se disuelve, ya disuelto, se le coloca un trocito de jengibre y un poco de maizena, se le agrega leche, se incorpora todo y se deja hasta que hierve.
¡Delicioso! Le dije al probarlo, en el restaurante del hotel TOKISAY. -Los vamos a llevar a la cascada, aunque llueve-, tiene una leyenda muy triste. Hace muchos años la princesa Carú hija del cacique Tokisay iba a desporarse con un joven muy apuesto y valiente guerrero hijo del cacique de los Mucutíes, se había preparado todo, el corazón de la princesa Carú se sentía muy feliz, por fin iba a culminar sus sueños de amor.


El banquete era muy espléndido, de pronto tronó el horizonte, llegaron los invasores españoles y había que defender su pueblo.
El combate fue terrible, la superioridad del enemigo invasor dejo el suelo sembrado de cadáveres, la princesa Carú al ver el cuerpo de su amado yerto, lo tomó en sus brazos y subió llorando hacia lo alto de la montaña, para implorar al Dios de la vida que moraba en la cumbre, le devolviera la vida al guerrero, al tercer día agotada su fortaleza desfalleció y abrazando el cuerpo de su amado y derramando sus lágrimas, sobre el se fue muriendo de amor.

El Dios de la montaña conmovido recogió sus lágrimas y las lanzó al espacio, formándose una hermosa cascada para que al contemplarla,fuera recordada la triste suerte de la princesa Carú. -Tal es la historia-, comentó el señor Jesús Zambrano. La lluvia aún caía profusamente, al llegar hay un monumento que presenta el hermoso rostro de Carú. Ascendimos por un camino de piedra el cuál estaba rodeado de una impresionante vegetación, la lluvia resaltaba la brillantez de las salientes peñas de la montaña, de pronto aparece el espectáculo - ¡Oh my God! - Expresó Benilde.

De lo alto desciende un torrente de agua que se va ampliando, diseñando un blanquísimo vestido de una resplandeciente novia, las gotas que brincan al golpear las peñas forman el vaporoso velo que la cubre, el rocío que se esparce por el aire llega suave a refrescar el rostro de los visitantes.

¡El espectáculo es muy hermoso!. Las pinceladas de diferentes verdes de la vegetación combinadas con la blancura del agua y el canoro y variado trinar de las aves, la lluvia que cae sobre las hojas de los árboles producía un suave rumor que conjuntamente con el canto de las cascadas y la belleza de los altos ramajes de los árboles que forman unas ventanas donde se puede asomar al infinito, se crea el gran concierto de la naturaleza. Solo hace falta preguntarse. ¿Dónde está el director?. ¡ Aquí en lo invisible! - contestó.
El pueblo de Bailadores, es un hermosísimo lugar perteneciente a la ciudad de Mérida Venezuela. Dice la historia que cuando el cruel capitán Juan Rodríguez Suárez fundador de esta ciudad, pasó por la región de bailadores se sorprendió de ver que los indígenas con sus cuerpos pintados de rojo y blanco se preparaban para el combate mediante una frenética danza ritual, por lo cual los bautizó como "Indígenas Bailadores". En esta región se producen verduras frescas, hortalizas y flores, que suministran más del 40% del consumo nacional y son llevadas hasta la frontera del Brasil.

Bailadores se encuentra situada a 1745 metros de altura, el próximo año 2001 cumplirá 400 años de haber sido fundada, es de un agradable clima y de singular belleza, sus habitantes son amables, pero enérgicos cuando se trata de afectar sus intereses.
Los sembradíos se ven remarcados entre el verdor del paisaje sobre las faldas de las montañas que circundan el lugar.
Una enorme piedra redonda giraba circularmente sobre otra en forma horizontal, en el centro había un pequeño agujero circular en donde caían continuamente granos de trigo que al circular molían los granos derramando la harina por sus bordes, lo curioso es que esta enorme piedra es movida por el torrente de agua que corre debajo de la casa. ¿Cómo se llaman esos árboles? Pregunté, indicando unos hermosos árboles que parecían elevarse como llamaradas, - son sauces, - me contestó la señora Xiomara. Esos si me gustan digo la Hna. Benidle, porque los otros (sauce llorón) siempre están llorando, son muy sentimentales.

-¡Vamos Maestro!- Dijo la Dra. de Zambrano porque varias personas lo esperan para sanación, durante el trayecto visitamos a algunas viviendas y al llegar al consultorio de la Dra. Zambrano nos esperaba un grupo de personas.
La noche era magnífica, las montañas se veian adornadas por las luces de las dispersas casitas, que llegaban hasta gran altura.
El dormitorio que me asignaron estaba lleno de figuritas fijadas sobre sus muros, el techo, los muebles etc. Tenían un sin número de muñequitas, castillos, animalitos, balsitas, monitos, etc.

A nuestra despedida nos entregaron hermosos ramos de claveles, a la Hna. Benilde le obsequiaron uno de color blanco y otro de color asalmonado; al Maestro le dieron uno color de amarillo dorado y otro de color rojo púrpura; ¡muchas gracias!.
-La Laguna Brava es algo que deben visitar-, dijo el Sr. Zambrano, durante nuestro regreso a la ciudad de Mérida, -cuando molestan sus aguas principian a moverse, parecen hervir y se oscurece de niebla, la gente prefiere retirarse-. ...Existen tantos misterios...

PAX...Gurú Pedro Enciso Ruvalcaba.